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martes, 11 de marzo de 2014

El poderoso abrecartas

mejores padres, mejores hijos
Por: Enrique Roberto Hernández Oñate


Un día como hoy me senté en el sillón que se encontraba a un lado de la mesa de centro y me encontré con un paquete envuelto en papel café claro y amarrado con un hilo bastante grueso. Hice de todo para abrirlo pero no lo logré hasta que me acordé que uno de los invitados a la fiesta donde mostré mi creación me obsequio un abrecartas con una forma bastante curiosa; ondulada como si fuera una flama, de un brillante honorable y de un filo excelso.


Ese abrecartas me funcionaria para abrir sobres, cortar hilos, incluso hasta para algún momento de emergencia donde tuviera que defenderme. Pero habría de utilizarlo con sumo cuidado porque el abrecartas es muy peligroso si lo utilizo con alevosía, premeditación o ventaja; por si solo no haría daño, incluso su forma era muy amigable con el perfil, su color encajaba perfectamente con el tono del abrecartas.




Ataque y defensa son las dos más importantes virtudes de este objeto pero no las únicas, en alguno de los años de la historia humana las espadas servían para darle un alto nombre o grado a los caballeros más valientes, ilustres u osados de un reino, en otra rama del pensamiento humano han servido para expulsar y someter demonios, aunque, solo algunos personajes de esas historias tenían el privilegio de portar esa arma.







Con el abrecartas en mi mano derecha podría utilizarlo con inteligencia, pero, en la mano izquierda es torpe y esa torpeza puede ocasionar algún accidente. De alguna forma habría de equilibrar esa agresividad que representaba su filo. Algo habré de encontrar en el camino del tiempo.Utilizar la fuerza por si sola ocasionaría un problema grave en mí o en alguien más, debe haber algo que la haga amigable.


Por azares del destino cayó en mis manos un cojín carmesí que le daba un colorido y suavidad impresionante y majestuoso a la mesa y al abrecartas. Con solo tres puntas era justamente lo que andaba buscando...